La misión Artemis II no es solo un viaje de ida; es la prueba de fuego para los sistemas de supervivencia más avanzados jamás construidos. Tras rodear la Luna y marcar el regreso de seres humanos a las cercanías de nuestro satélite después de más de medio siglo, la cápsula Orion se prepara para su fase más peligrosa: la reentrada atmosférica.
Según los últimos datos de la NASA la precisión del amerizaje será el factor determinante para calificar la misión como un éxito absoluto.
El “Skip Entry”: Un salto sobre la atmósfera a 40,000 km/h
A diferencia de las cápsulas tradicionales que caen de forma directa, la Orion utilizará una técnica llamada “Skip Entry” (entrada con salto). Al igual que una piedra rebotando en un estanque, la cápsula entrará en la parte superior de la atmósfera, rebotará hacia afuera brevemente para disipar calor y velocidad, y luego volverá a entrar para el descenso final.
Esta maniobra permite que la nave aterrice con mayor precisión cerca de las costas de San Diego, en el Océano Pacífico, facilitando la recuperación por parte de la Marina de los Estados Unidos. Durante este proceso, el escudo térmico de la Orion enfrentará temperaturas de casi 2,800°C, mientras la tripulación —compuesta por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen— experimentará fuerzas G extremas antes de que se despliegue el complejo sistema de 11 paracaídas.
El operativo de rescate: 10 días de misión en la mira
El regreso está programado para completar un ciclo de aproximadamente 10 días en el espacio. Una vez que la cápsula toque el agua a una velocidad de apenas 30 km/h, un equipo de especialistas a bordo del buque de recuperación de la Marina asegurará la nave.
No solo se trata de rescatar a los astronautas; la cápsula Orion será analizada centímetro a centímetro para validar los datos que permitirán que Artemis III finalmente ponga a la primera mujer y al próximo hombre sobre la superficie lunar en los próximos años.



