Cuando la fe toca el mar: Peregrinación del Cristo Negro de Sisal

La vida en Yucatán está llena de dicotomías que, con el paso del tiempo, dejas de percibir. Sin embargo, en ocasiones, eres testigo de eventos tan singulares y marcados por estos contrastes, que te reintroducen a la magia intrínseca de este estado.

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Cada pueblo de Yucatán tiene su propia esencia, y una parte fundamental de su magia radica en sus fiestas tradicionales y peregrinaciones dedicadas a los santos patronos de cada municipio. Estas celebraciones son un claro reflejo de las dicotomías profundamente arraigadas en la cultura yucateca, y no hay mejor ejemplo de ello que las fiestas que se dan en Sisal durante el mes de agosto.

Sisal es el único Pueblo Mágico costero de Yucatán, donde todos se conocen más por sus apodos que por sus nombres, y que alguna vez fue el puerto más importante del estado. Este puerto sigue siendo el escenario de un evento que, personalmente, me dejó sin aliento: la peregrinación marítima del Cristo Negro de Sisal. Para los sisaleños, el Señor de Sisal, como se le conoce formalmente, resguarda las vidas de los pescadores locales y bendice el mar que sustenta a la comunidad. Este año, la celebración fue aún más memorable, ya que, con motivo del 70 aniversario de la procesión, la Virgen de Tetiz fue invitada a acompañar al Cristo por primera vez, un acontecimiento que sin duda quedará grabado en la memoria de todos los que tuvimos el privilegio de presenciar esta histórica edición.

Pero para realmente entender y apreciar todas las sutilezas de esta celebración, es mejor comenzar desde el principio, mucho antes del esperado día de la procesión.

La peregrinación del Cristo Negro de Sisal

El domingo, todos los sisaleños y feligreses llegan temprano (algunos incluso habiendo pasado la noche en vela desde el sábado festejando) para la gran procesión. El día comienza antes de las 6 am para personas como los custodios del Cristo Negro, encabezados por don Aire (¿recuerdas lo que mencioné de los apodos?); ellos se encargan de realizar los últimos ajustes a las figuras y las sacan con mucho cuidado y respeto de la iglesia, preparándolas para el trayecto.

La misa, que precede a la procesión, comienza alrededor de las 7 am en el muelle, donde la solemnidad del servicio se mezcla con la suave brisa marina. Tras la misa, los custodios colocan al Cristo Negro en su lancha exclusiva, la Santa Rita. Este año, con motivo de la visita especial de la Virgen de Tetiz, se asignó una lancha nueva para ella. Junto a ellos, la charanga y los estandartes se embarcan en dos lanchas adicionales, garantizando que la música y los cánticos no cesen durante el recorrido. Estos líderes de la procesión son seguidos por cientos de lanchas, todas unidas en un desfile flotante que llena el mar y el corazón de los participantes.

Esta procesión marítima es una experiencia única, con lancheros locales que cada año ofrecen su servicio gratuitamente a los devotos que desean acompañar al Cristo en el mar. Debido al espacio limitado de diez personas por lancha, es esencial llegar temprano para asegurar un lugar, ya que los asientos se asignan por orden de llegada. Esta celebración, que dura aproximadamente dos horas y media, comienza en el muelle y sigue un recorrido que incluye la navegación hacia Punta Piedra, pasando por el Puerto de Abrigo, y regresando al punto de partida.

Don Pastor Enrique Gómez Morales, un pescador local con quién tuve la oportunidad de platicar y que nos llevó en esta ocasión, ha participado en esta peregrinación desde su juventud. Para él, y para muchos otros como él, este recorrido no es sólo una tradición, sino una promesa de fe y gratitud. Según cuentan los pescadores, las fiestas en honor al Cristo Negro coinciden con el término de la veda del pulpo (que inicia en diciembre), y se cree que, al salir a pasear, el Cristo bendice el mar y mejora el clima, otorgando protección a quienes dependen de él para su sustento.

Una tradición religiosa muy especial

Compartir una lancha con personas desconocidas, unidas solo por la fe en el Cristo, es una experiencia verdaderamente mágica. Durante la peregrinación, verás a algunos rezar en silencio, otros conversar alegremente, algunos cantan y otros, conmovidos, derraman lágrimas mientras lanzan arreglos florales al mar. En mi caso, tuve la fortuna de pasar las horas conversando con mis compañeros de lancha, y en esas charlas, sentí el genuino fervor y el cariño que tienen por el Señor de Sisal y las tradiciones que rodean esta celebración.

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